Que despliegue sus alas
y emprenda
el vuelo.
Que sea viajera,
acompañante,
luna llena;
sendero o
vereda, jamás destino.
Que se embarque
en odiseas sin temor,
sin tiempo,
por el paraíso, el infierno
o el limbo.
Que vaya, se
pierda
y encuentre de nuevo.
Que mire al
cielo sin recelo.
Que se entregue en beso,
caricia.
Que sea
luna o sol,
nunca ambas cosas.
Que no prometa algo más
que una sonrisa.
Que padezca
de locura contagiosa
y me
enferme a diario
con la dosis precisa.
Que sea tierra exótica
incitando
a la aventura.
Pila
desbordada
donde he de ahogar mis miedos.
Tormenta
devastadora
o inmenso mar en calma.
Manantial de agua inagotable.
Que permanezca a la mañana siguiente.
Que sea regia columna,
firme cimiente.
Que sea prosa infinita,
verso eterno, inconcluso
o
hermosa canción nunca aprendida.
Que sea mía sin serlo.
Que me
atrape sin ser preso.
Que se descubra en la soledad absoluta,
para ser absoluta a mi lado.
Que sea nocturno animal perverso
y al amanecer, sutil consuelo.
Que no conozca
la indiferencia y el olvido.
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