Lento,
casi en absoluto silencio,
sólo el aleteo de los
colibríes
en apogeo.
Labios descalzos que arrinconan
y sedosamente oprimen,
aprisionan.
Huellas
que se adhieren con hilos invisibles
de plata, miel y avaricioso
deseo.
Lento,
tanto que por instantes lastima.
Pasos precisos que torturan
ahogando alaridos,
mancillando
corduras.
Transcurrir que al tiempo
amordaza,
ojos que hacia
adentro
extienden su
mirada.
Horizonte
que se aleja,
hasta donde, de tanta
luz,
no se ve nada.
Alabanza a la perpetuidad del universo
compilada en el cenit de un trueque
de alientos cómplices
perversos.
Separación
necesaria, requerida,
para no morir de
abandono del alma
o de anticipada entrega repentina.
Separación y distancia,
mas nunca
lejanía.
Goce que se saborea en la memoria
de una
lengua complacida.
Saciedad de incalculable delirio.
Pócima satírica navegando por la venas.
Sed ardorosa suplicando a gritos
una vez más
sumergirse en
la inconciencia.
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