Noche anhelada de
sensaciones encontradas,
fragancias sembradoras de
delirios
transformando en
sortilegio lo mundano,
en ensueño azulado
entretejido.
Melodías saturadas de
pasado,
humo cadencioso de tintes
blandos,
de erotismo envenenando.
¿Cómo no apresarte en cada
evocación
de enervante aroma a
sándalo?
¿Cómo no asfixiarme en tus
encantos?
En tal raudal de vergeles
lujuriantes
se volcaron complacidos
mis sentidos,
abandonándome a mi suerte
en este viaje,
que, sin saberlo, desde
siempre estuvo escrito.
Abrigado por tus ojos supe
entonces
que eras mi templo, mi
karma, mi destino;
y al danzar acompasadas
nuestras almas
auguraron su infinito
litúrgico amorío.
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