Tengo de caricias
hambrientas
empegostadas las manos;
me escurren deseos y dolencias,
me supuran ambrosías y arrebatos.
Entre mis dedos, abismos;
grietas fósiles de ausencia;
anhelantes acantilados
sombríos,
deambulando entre sopor de
inclemencia.
Tengo de caricias
hambrientas
empegostadas las manos;
hormigueantes, dulzonas,
perversas,
a la espera de que fermente el milagro.
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