Hay silencios que se escuchan a la distancia,
entre
sollozos de alegría
y
murmullos de locura repentina.
Silencios que trastocan todo,
cimbran, penetran, contaminan.
Silencios que cuentan historias,
de nostálgicas
promesas incumplidas,
sin
origen, sin final.
Silencios que eternizan un instante,
como el de tus ojos que
quita la vida,
o el de tus manos sabias que a mi piel
asesinan.
Hay silencios que hieren,
más aún que
la imprudente palabra.
Silencios que con disfraz de indiferencia
extinguen, evaporan, atormentan.
Silencios que lapidan esperanzas,
desterrándolas;
transgresores
ocultos
que irrumpen imprudentes
por los recovecos
del dolor, del hastío.
Pero también hay silencios que exorcizan,
liberan el alma y construyen quimeras.
Silencios que eximen de culpa
resurgiendo ruinas de recuerdos,
redimiendo antiguos holocaustos.
Hay silencios que lo dicen todo
afilados, diestros, insensatos.
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