Aguardo
por las promesas que dejaron
tus caricias
tras el eco de tus dedos;
por el efluvio hilvanado de tus
labios
en las
postrimerías del beso;
por el irremediable abandono de
mi ser etéreo
ante la incansable arremetida de
tu desenfreno.
Aguardo
por ti, por mi…
porque no hay remedio.
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