Insectos rastreros, criaturas
extrañas,
más, tal vez, que en mi jardín olvidado;
moscas
solitarias, dispersas,
raíces infinitas cogidas
de la mano.
Discursos falsamente aduladores,
protocolos carcomidos por
el tiempo,
flores yermas solapando mil
rencores,
rezos
fatuos esparcidos por el viento.
Secretos diluidos en cráneos
huecos,
anhelos asfixiados bajo tierra,
palabras nunca dichas inundando
féretros,
gritos silenciosos presagiando
decadencia.
Noches perpetuas, cultos
soeces;
muerte que en
oscuridad alimenta,
culpas grandiosas
en cruces envueltas,
demonios de negro, ángeles de
piedra.